Me culeo al novio dotado de mi madre y su tremenda pinga negra me deja sin caminar. Vi al novio de mi madre orinando, me impresionó esa tremenda pingaza negra, ahí supe que tenía que sentirla dentro. Esa noche me colé a su cuarto con mi shorcito blanco, pero ni me lo quité porque con semejante pinga no hacía falta. Me senté encima de su verga y empecé a cabalgarlo hasta que las lágrimas me salían de gusto. Después me puso en perrito y me la metió hasta el fondo, bien duro, casero, sin piedad. Terminé con su leche caliente chorreándome las entrañas. Ese cachero de mi madre me dejó marcada y jamás voy a olvidar tremenda pinga negra.







