Salgo de la oficina con mis trenzas y esa tanga hilo que no deja nada a la imaginación, un culazo que es la tentación de cualquier hombre. Mi jefe me lleva al hotel y yo, toda una puta caliente, no me opongo. Ya en la habitación me pone en cuatro, él me corre la tanga a un lado y me mete esa verga gruesa que tanto soñé. Me la da tan rico que le pido más y más, hasta que se corre dentro y juega un ratito con mi ano. Salgo complacida, feliz y con mi aumento asegurado.







