Me embriagué y el pendejo de mi amigo se cogió mi rico culo
El muy pendejo me llevó a un hotel cercano sin que pudiera negarme. Yo estaba con un vestido naranja bien sexy, ajustado y provocador. En cuanto entramos a la habitación, me levantó el vestido y descubrió que ya no tenía calzón. ¿Dónde lo perdí? Ni puta idea. No me acuerdo de nada, solo de sus manos manoseándome el culo a su antojo, sobándome sin prisa pero sin piedad.
No recordaba ni dónde dejé los calzones, pero su pinga dura no me dejó pensar. Con el vestido naranja hecho un desastre en la cintura, me puse en cuatro y sentí cada metida hasta el alma.
Sentí su pinga dura entrando en mí hasta el fondo, llenándome toda. Debo reconocer que me gustó mucho esta aventura. Me puse en perrito sin quitarme el vestido, solo lo subí hasta la cintura, y ahí sentí cada metida como un latido caliente recorriéndome el cuerpo. El vestido naranja quedó arrugado, la ropa interior perdida en el olvido, y yo solo quería más. Fue una aventura bien puta, de esas que una repite sin pensarlo, aunque al día siguiente duela hasta caminar.







