Me salí de la Universidad solo para que me rompieran el culo
Desde la primera vez que mi novio me la metió, me volví adicta a su verga: gruesa, dura, del tamaño justo para llenarme toda. Apenas puedo, me escapo de clases y me mando para el primer telo que encuentro, sin importar nada más que sentir cómo me abre otra vez. Esa tarde llegué más perra que nunca, no como su novia, sino como una puta hambrienta de verga. Me quería en todas las posiciones: encima de una silla, levantada en el aire como muñeca, doblada de espalda contra la pared, y al final yo montándolo hasta que se me nublara la vista. Terminamos bañados en sudor y leche, bien cogidos.







