Esta mamacita de la universidad es de esas que enamoran con solo verlas, con unas tetas paradas que se le marcan hasta con la mochila puesta. Flaquita, cabello rizado y una carita que pide verga a gritos. La convencí de ir a su cuartito y cuando se quitó la ropa, se quedó con un brasier diminuto y un hilo dental que se le enterraba en ese culito redondo. Sin pensarlo dos veces, se montó en mi verga como si la conociera de años y empezó a cabalgar rico, hasta que se puso de ladito en tijerita para que yo le sintiera toda esa humedad. Lo mejor: nunca supo que dejé la cámara escondida grabando cada detalle hasta que nos vinimos juntos.







